Ya me había sentido mal días anteriores pensando que la tifoidea había vuelto... Mi esposo fue el primero en sospechar y después de una prueba casera las sospechas se confirmaron. Yo seguía sin creer hasta que escuche los latidos de su corazón. Tenia 10 semanas de embarazo.
Aún recuerdo esa mezcla de sentimientos que me invadieron... Temor, angustia, nervios, felicidad, bienestar, entusiasmo, incertidumbre. Estaba a punto de conocer el verdadero amor.
Ese 14 de febrero al salir de la consulta los primeros en enterarse fueron mis papas y mis suegros. Mi mamá llorando de felicidad y con una voz tan ronca de dolor de garganta que ni se entendió lo que dijo, pero estaba mas feliz que todos. Muchas veces me ha dicho que tener un nieto se siente mil veces mejor que tener un hijo. Mi papá lloraba... Se quedo sin palabras de tanta alegría, sigo sin imaginar que pensaba. Mis suegros cantaron y gritaron de la emoción. Fue una gran noticia.
Yo seguia en shock... Con miles de sentimientos a la vez. Me cayo el veinte cuanto iba manejando de regreso a mi casa y un carro me chocó por atrás; ahí fue cuando me di cuenta lo que iba a pasar: iba a ser mamá y a partir de ése momento nada ni nadie me iba a importar tanto como mi bebé. Así que ese San Valentin no lo olvidaré jamás.
Este año fue distinto. Ya con mi bebé en brazos celebramos de una forma muy familiar; teníamos pensado encargar a la niña con mis papás e ir a cenar a un lugar "nice" pero no logramos encontrar reservaciones disponibles ni abuelos disponibles tampoco, así que la cena romántica para dos se convirtió en una comida para 3 en un Chilis :)
Mi esposo detallista como siempre me llevó una docena de rosas rojas y yo preparé unos cupcakes de óreo para el. Mi papá me regaló un globo y una rosa amarilla. Regresamos a casa temprano, vimos películas hasta tarde y por supuesto comimos muchos cupcakes!
Fue un día diferente a lo planeado pero fue perfecto...Más amor no pude pedir en ese día.




No hay comentarios:
Publicar un comentario